LETRAS VS PALABRAS - El weblog de Graciela |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema CUENTOS CORTOS. NOVIA![]() por Graciela Vera
NADA![]() por Graciela Vera No me di cuenta. No sentí pasar la vida y ahora me encuentro con un puñado de nada. Una nada que resbala como el agua cuando tratamos de detenerla con las manos. Una nada rebelde como las lágrimas. Una nada imposible de contener, en su aluvión gigantesco que parece consumir todo a su paso. Nada hay de los recuerdos de ayer. Nada encuentro en los recuerdos del mañana. La nada del hoy sofocándome, quitándome el aire, llevándome hacia la nada del infinito, envolviéndome en un remolino de nada que atrae otras nadas. Ilustración: 'Mujer y Cruz', pintura de Clara Belanzaurán LOS MIEDOS DE ADRIÁN![]() por Graciela Vera
Miró el amplio jardín, un perfume dulzón, demasiado pegajoso, escapaba de las madreselvas en tanto que las margaritas formaban apiñados racimos. Instintivamente cortó una flor y recordó. Hacía ya medio año que había recorrido por primera vez aquel jardín llevando a Esther del brazo. Los médicos habían aconsejado aquel lugar para que sus nervios se repusieran totalmente después del accidente. Era la primera vez en casi cuarenta años que se separaban. Se conocían desde niños. Sus familias habían vivido en el mismo barrio, fueron juntos a la escuela, siguieron los mismos estudios, se ennoviaron y se casaron. Algo que a nadie extrañó porque resultaba obvio para todos, una unión que podía demorar más o menos en el tiempo pero que se daba por un hecho. Abrieron juntos un estudio notarial y juntos trabajaron incluso cuando Esther, a días de dar a luz se sentaba ante la amplia mesa a discutir los casos de los que se habían hecho cargo. La fama de Martins & Zingred había crecido como creció la familia. La pequeña casa quedó chica y se mudaron a un barrio residencial. Viajaron porque a ambos les gustaba conocer nuevas culturas. Adrián recordó lo felices que habían sido y ni siquiera cuando lo de la vendedora del shopping había dejado de adorar a su esposa. Aquello no había sido mas que una aventura de una semana, un desliz que justificaba como un momento en el que todo hombre necesita sentir que aún puede conquistar a una mujer más joven. El amor por Esther estaba demasiado seguro como para aún hacerlo vibrar de pasión pero el cariño que se profesaban era tan firme como el primer día. Después vino lo del accidente. Un ciclista que salió de la noche sin luces ni nada que permitiera visualizarlo. El viaje había sido largo y el había cedido el puesto de conductor. Esther trató de frenar a último momento pero su intento fue inútil. El hombre murió en el acto. Si había culpables había sido su imprudencia. Un número más para las estadísticas. El no se dio cuenta al principio. Los días pasaron demasiado rápido tras os sucesos y no tuvo tiempo de observar el cambio. Solo cuando notó las ausencias de Esther, sus silencios cada vez más extensos consideró oportuno consultar con un especialista. Durante seis meses había visitado todos los domingos aquel jardín al principio si notar mejorías, sólo en las últimas semanas una sonrisa desganada lo recibía como obligada pero el miércoles había recibido una llamada que había cambiado todo. Su esposa lo espera para que la lleve de regreso a su casa le había dicho la enfermera. Habló con los médicos, le asesoraron como atenderla y allí estaba dejando crecer en él todos los miedos que habían sido de Esther y que el no supo que también los poseía. Adrián temía a los fantasmas de aquella noche. A los silencios de Esther, a la sonrisa desganada de sus labios. Realizó un esfuerzo para acercarse a la mujer que lo esperaba y de pronto ya no tuvo temores... Los ojos que lo miraban volvían a ser los que durante toda una vida le había infundido el valor suficiente para vencer sus miedos. Se acercó y casi torpemente extendió la mano en la que una margarita ocultaba entre sus pétalos un último sentimiento de temor. Recordó el tiempo en que iban a la escuela, recordó a los adolescentes novios, los hijos y los nietos y, tomando a su mujer de la mano olvidó por siempre los miedos. LA TÍA NICANORA![]() por Graciela Vera
No había sido un embarazo tranquilo para mi abuela. Ella que había tenido ya siete hijos se había visto obligada a guardar cama durante casi la mitad de la gestación y el parto por poco le quita la vida, pero por entonces, aquella criatura de cabellos endemoniadamente cobrizos recién comenzaba a hacer sentir sus reclamos. Fue bautizada como Nicanora y, como bien decía el abuelo, solamente el cura pronunció en aquel acto su nombre porque desde siempre se le llamó Nica. Y Nica conoció en carne propia todos los males propios de los niños, y cuando la lista de enfermedades parecía agotarse ella se ocupaba de mantener la atención de los médicos. Su temperamento inquieto siempre estaba buscando el peligro que se traducía en golpes, fracturas y todo tipo de lesiones, inevitables a pesar de la permanente atención de toda la familia que no era suficiente para evitar las diabluras de la chiquilla. Colgada de una rama del nogal del fondo de la casa agitaba sus bracitos para caer poco después ante la desesperación de quienes habían corrido procurando evitar el accidente, o, deslizándose por la baranda de la escalera encontraba, inevitablemente, el choque contra el piso de la sala. Cuando Nica creció y cumplió sus catorce años la abuela había suspirado aliviada creyendo que, casi una señorita, las travesuras y sus consecuencias terminarían, pero no fue así. La desazón ganó a todos cuando, muy suelta de cuerpo “el diablillo rojo” como la había bautizado familiarmente el abuelo, comunicó a la familia reunida que estaba decidida a convertirse en piloto de avión. Y lo hizo. La tía Nica fue una de las pioneras en ese campo pero, no contenta con esto, y aduciendo que el país no le brindaba oportunidades en su profesión, un día le dio un beso a cada uno de sus hermanos, a sus sobrinos, abrazó con inmenso cariño a los abuelos y partió. Sus cartas hablaban de proyectos que demoraban en concretarse. Después supimos que estaba volando en una compañía de carga aérea que transportaba provisiones para grupos mineros en plena selva amazónica. La familia perdió contacto con Nica durante muchos años. Esto no fue más que otro motivo de inquietud para los abuelos. Nadie supo donde encontrar a Nica para avisarle que, primero el abuelo y casi siguiéndolo como siempre había hecho en vida, la abuela, habían decidido abandonar este mundo. Los sobrinos crecimos. Formamos nuestros hogares. Dijimos adiós a nuestros padres y, casi olvidamos a la tía Nica... hasta hace un mes... cuando una llamada desde el extranjero nos citó a un estudio jurídico de Manaos donde estaba depositado su testamento. Tía Nica vivió sus últimos años acompañada de decenas de hijos. Hijos que no eran de su sangre pero a los que ella había querido como madre. Niños que iba recogiendo de las aldeas que visitaba, entre viaje y viaje al centro de la selva. Había ganado mucho dinero con su avión. Algunas malas lenguas decían que sus ganancias se debían a un tráfico ilegal de diamantes, pero si esto era cierto a nadie le parecía importar porque lo que recordaban todos en el lugar era la obra magnífica de “la mamma”. Sus primeros “hijos” ya eran hombres y mujeres con hogares formados pero los últimos, los que había recogido cuando ya sus fuerzas comenzaban a decaer, esos eran nuestra herencia: lo que tía Nica nos había legado en su testamento y que, de haber estado vivos los abuelos hubiera sido otro motivo de desvelos. La vida de Tía Nica había estado en un constante riesgo desde antes de nacer, quizás por eso había amado tanto al peligro pero, esencialmente había creído en la vida. Sus sobrinos, que apenas recordamos la endiablada cabellera cobriza que nunca tuvimos oportunidad de ver encanecer habíamos heredado aquellos seres de ojos enormes y asustados. Tan asustados como estábamos nosotros hasta que uno de los pequeños se acercó con una canasta de huevos que, antes de morir la tía Nica le había encargado nos entregara. Gesto que no comprendimos hasta que, retirando los huevos que formaban la capa superior descubrimos cinco diamantes de enorme valor. Los diamantes de la tía Nica, los que le habían permitido llevar adelante su obra de bien y nos daban la oportunidad de continuarla. Cuando dejamos instalados a los niños de mamá Nica en un moderno orfelinato asegurando su sustento y educación hasta que fueran mayores, en nuestro poder quedan aún tres piedras que al mirarlas nos hacen guiños como si a través de ellas, la inquieta de la familia se estuviera riendo de nosotros. Ilustración: 'Mujer antigua' de la pintora Susana Rovo
LA MASCOTA![]() por Graciela Vera
Estaba consciente de que no volvería. Hacía tres años había cruzado por primera vez la puerta doble de hierro preguntando por un apartamento ofertado en alquiler. Joaquín, el portero, una persona que conocía los pormenores de la vida de cada uno de los inquilinos le había mostrado las dos habitaciones, cocina y baño ubicadas en un contrafrente que entonces le había parecido el sitio ideal para esconder su gran amor. Tranquilo, un décimo piso lejos del ruido de la calle; sin vecinos curioseando por ventanas indiscretas, incluso su anterior inquilino había dejado varias macetas en el balcón interior que, con un poco de trabajo convertiría en su jardín, ... inmediatamente decidió aceptarlo, estaba segura que a Oscar también le parecería el lugar ideal para disfrutar el mutuo descubrimiento de su pasión. Tres años en los que cada semana puso algo nuevo para hacer más cálido, más íntimo su refugio. Oscar llegaba a Maldonado invariablemente los viernes a media tarde y se iba los lunes de mañana. Una combinación perfecta, ella salía de la escuela de párvulos poco después de mediodía para no tener que regresar hasta la mañana del lunes. Esos fines de semana no volvía a su casa en San Carlos, tomaba directamente el ómnibus que la llevaba hasta la terminal fernandina para esperarlo. Un gerente de una importante multinacional puede darse algunos lujos y uno de ellos había sido durante los tres últimos años, el de encargar a su secretaria resolver toda la actividad de las últimas horas del viernes para disfrutar de un fin de semana más largo. Dejaba el coche en un estacionamiento de la calle Dante... ahora le cambiaron el nombre pero no importa, para la generación actual seguirá llevando el nombre del ilustre florentino. Un viaje de dos horas y.... Invariablemente Mónica llegaba quince minutos antes... siempre ansiosa... siempre temerosa de que Oscar hubiera decidido no viajar ese fin de semana. En tres años solamente en cuatro ocasiones uno de los dos faltó a la cita. Curiosamente las culpas se dividieron en partidas iguales. Dos veces Oscar fue retenido por negocios impostergables. Mónica tuvo un fin de semana que viajar con sus alumnos a Paysandú... el viaje de fin de cursos. Fue el primer año, luego se las ingenió para convencer a todos, chicos y padres, que era mejor hacer el paseo un día ente semana. La otra vez fue la gripe quién les impidió encontrarse.... Pocas horas de soledad forzada para tantas de increíble amor. Se habían visto por primera vez en un bar de Gorlero. Ella, una maestra conocida en el departamento por su actividad al frente de distintos emprendimientos culturales, él un empresario de éxito en el mundo de los negocios, casado y padre de tres hijos. Una relación llamada a terminar antes de empezar o, como había ocurrido, a vivir oculta entre cuatro paredes. Habían decidido que necesitaban un lugar para ello. Los hoteles eran demasiado impersonales... demasiado peligrosos a sentir de ambos. Cualquier conocido podía tropezar en la puerta con la señorita Mónica, como le llamaban sus alumnos,.... cualquier conocido podía encontrarse cara a cara con Oscar y una mujer que no era su esposa. Recordó el primer encuentro. Había ido a ver una exposición de pinturas de Páez Vilaró. A la salida un grupo de conocidos habían ido a tomar un café. También n había ido Oscar acompañado por aquella mujer... su mujer...; un amigo común los presentó y fue entonces que sucedió. Algo que pasó desapercibido a quienes los rodeaban pero que hizo que el contacto de sus manos fuera presagio del fuego que habría de devorarlos durante las semanas siguientes. No volvieron a verse hasta pasado un mes, y sin embargo ambos estaban seguros de haberse trasmitido mutuamente el deseo de estar juntos. Nunca le preguntó con que pretexto viajaba todos los fines de semana. No quiso saberlo, en la fragilidad de su relación prefirió ignorarlo. Mónica no dejó que sus sentimientos la engañaran y en lo más recóndito de su ser sabía que no había futuro para ese cariño que la devoraba. Es que el amor cuando se lo amordaza mucho se muere, y Oscar no podía dejar gritar a su corazón. La idolatraba pero ello no impedía que un sudor frío le cubriera la frente cada vez que se creía descubierto en su relación con Mónica. Para ella era el tener que ocultar la felicidad de estar enamorada. A los cuarenta años una mujer no puede cometer ciertas locuras... y si es una maestra de escuela ni siquiera pensarlo. ¡Dios, como hubiera deseado pasear por las calles del pueblo del brazo de aquel hombre! En cambio aceptó ocultarse en aquel departamentito... No le había importado... su amor no era egoísta y era demasiado.... Recordó aquella noche en que habían salido a cenar. Acababan de ocupar una mesa, discreta en un rincón de un restaurante también discreto. Miraba las luces del puerto y el movimiento sereno de las embarcaciones cuando escuchó su nombre. Levantó la vista y se encontró con el director de la escuela acompañado por su esposa y otras dos personas de la localidad. Presentó a Oscar como un amigo que visitaba Punta del Este pero estaba segura... la curiosidad puesta de manifiesto por su superior en los días sucesivos se lo corroboraron; no lo habían creído. Por supuesto que la imaginación de aquellas personas no llegaba a visualizar la pasión que enredaba sus cuerpos cuando se encontraban seguros en la intimidad de.... ¿qué era?... ¿qué fue? ...¿un refugio? ... ¿un hogar?.... ¿un lugar donde hacer el amor?.... su refugio... su hogar.... su amor....; ¿sólo suyo?.... ¿fue lo mismo para Oscar?.... lo esperó cada viernes de agosto y lo esperó cada sábado. Después comenzó a desesperar rondando alrededor del teléfono... esperó en vano una llamada... esperó en vano cada viernes de setiembre... cien veces intentó llamar a su oficina y cien veces colgó el tubo antes de dar lugar a que le respondieran.... El primer viernes de noviembre se decidió. Había estado aguardando un milagro que no llegó... eran las ocho de la noche cuando abandonó la Terminal... caminó.... había comenzado a lloviznar... una brisa fresca para la época la hizo estremecer.... cuando llegó estaba empapada, recordó otro paseo bajo la lluvia... entonces estaba con él... habían salido temprano y no hicieron caso a los nubarrones que presagiaban chaparrones. Era verano y no les importó mojarse... la playa estaba desierta y se habían hecho el amor escondidos entre los médanos... mojándose y riéndose... riendo y gozando... Habían sido tres años, quizás demasiados para mantener vivo un amor entre cuatro paredes. Introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta de hierro... no le gustó el color... nunca le había gustado aquel negro descolorido y sin embargo no le había importado hasta ese momento. Llamó el ascensor y llegó a las nubes, como a él le gustaba decir cada vez que recorrían el trayecto... muy serios y conspicuos si alguien más utilizaba el elevador en ese momento... entre besos y caricias si lo hacían solos. Entró a un sitio que le pareció desconocido... frío... recorrió con la mirada cada rincón de las habitaciones. Se sentó al borde de la cama sintiendo que unos lazos invisibles la atrapaban... cerró los ojos y se vio rodando sobre las sábanas rosadas entre los brazos de él... sintió su boca rozando su cuello, buscando sus pechos... se sintió transportar al éxtasis y lloró... lloró por aquel amor que siempre había sabido algún día iba a perder.... lloró por su cariño, por todo aquel inmenso manantial de caricias que ya no tendría en quién volcar... Cuando llegó a planta baja entregó la llave del apartamento a Joaquín pidiéndole que lo alquilara... con muebles, con todo... quiso decirle, pedirle que buscara un inquilino que cuidara su jardín pero no pudo.... Yo la llamo cuando tenga algo, le gritó Joaquín mientras ella hacía una seña que podía interpretarse como un adiós... tomó el ómnibus hacia San Carlos.... cerró los ojos, quiso revivir otros momentos felices con Oscar pero no alcanzó a verlos con nitidez... como en una nebulosa iba envolviendo los recuerdos mientras su mente dibujaba su propia imagen, la imagen de una maestra solterona paseando su perro y hablando del tiempo...., de la alfombra del palier, temas que en realidad a nadie importaría y que nadie escucharía pero que mitigarían su soledad....; El viernes siguiente no volvió a la Terminal... fue hasta la casa de mascotas y compró un caniche blanco.... se dirigió a la plaza donde se sentó en un banco en el que dos jóvenes vivían su amor adolescente... comenzó a explicarles que se trataba de una raza muy recomendada para compañía, pero estaba segura que no la habían ni siquiera escuchado. Miró a la muchacha y pensó que algún día quizás ella también estaría sola y entonces..... también compraría una mascota. Ilustración: 'Mascota' pintura de E. Márquez
LA LEYENDA![]() por Graciela Vera La primera vez que arribó a la ciudad le habían advertido que la tradición decía que todo aquel que cruzaba el viejo puente de hierro regresaba.... siempre regresaba. En ese momento no sabía que el lugar tendería sus atractivos como una telaraña que le impediría alejarse por mucho tiempo. Carmelo, con la calma propia de las poblaciones del interior de nuestro país y la inquietud de una pequeña ciudad que vive a la sombra y el influjo de Buenos Aires puede atrapar a un visitante desprevenido. Pocos lugares tan acogedores... el arroyo... las cientos de embarcaciones que durante los meses de verano la transforma en una colonia argentina flotante... el nacimiento del río como mar... los atardeceres con las parejas de enamorados caminando por la playa. Había ido para cubrir una suplencia de tres meses y se quedó veintiocho años. Se enamoró, se casó, tuvo hijos que a su vez se enamoraron, se casaron y le dieron nietos. Una vida en la que construyó un castillo de cristal donde todo era perfecto. Un palacio que, sin comprender aún como, se había desintegrado entre sus manos cuando el compañero de los últimos veinticinco años no regresó. Ella había creído en la leyenda... el que cruza el puente siempre regresa... y lo había esperado..., había sido un viaje de negocios, traslado en ómnibus hasta Montevideo y desde Carrasco a Santiago.... menos de tres días de ausencia que se transformaron en semanas y las semanas en meses y éstos en años. Lo había esperado con un último sentimiento de esperanza... de hacerle una trampa a la realidad y cambiarla; aún lo esperaba... y lo seguiría esperando durante el resto de su vida a pesar de aquel telegrama, aquel pedazo de papel impersonal, que dio por tierra con la leyenda y cayó, arrugado al piso después de ser leído: “Lamentamos tener que comunicarle que el avión en que viajaba su esposo sufrió un accidente al despegar del aeropuerto de Valdivia. No hay sobrevivientes”.
LA CAMA VACÍA![]() por Graciela Vera “Reloj no marques las horas... haz esta noche perpetua... para que nunca se vaya... para...”, la melodía escapaba de la radio en un inútil intento de mitigar su insomnio.
LA ADIVINADORA![]()
por Graciela Vera Los ojos de Lisa expresaban el pánico que la iba invadiendo a media que la palabras de la gitana descubrían su mundo secreto. El mundo pasado, lleno de dolor, el mundo actual, incierto y el mundo de mañana... ese que quería conocer y del que temía escuchar. Al principio había sido un juego..., -“Te adivino la suerte linda...?”, entre risas todos habían convenido que era una forma lógica de pasar una tarde en la que no había nada por hacer...; a medida que hablaba la gitana había perdido su locuacidad. El parloteo incesante del principio se transformó en una imposición y su incomodidad era muy similar al disgusto con que Lisa se sometía a aquella “charlatanería barata”, le había llamado Julio sin imaginar siquiera , que aquella mujer estaba desnudando un alma... -“Dolor, un mundo de amor en medio de un camino de dolor.... llorarás cada día, sufrirás por cada hora de amor que logres la pena de mil noches de soledad..., veo un amor que te hace tanto daño que quizás en él mueran tus ilusiones... veo lágrimas en tu futuro... ríos de llanto... te veo sola entre la multitud..., el dolor de la soledad que solo tú sientes... que ignoran quienes te rodean porque ellos no han descubierto aún que el amor es dolor...”; las dos mujeres esquivaron la mirada pero ambas sabían lo que había en los ojos de la otra..., en los de Lisa la temerosa confirmación de lo que oía..., en los de la gitana el miedo de estar entrando en terrenos prohibidos...-“Te ama...,el te quiere más que a su vida pero no le está permitido...., te ama..., pero será fiel a su promesa aunque signifique también para él dolor y lágrimas”. -“Esperar el futuro..., solo la muerte abrirá el camino... ahora hay dolor... al final... a lo lejos el amor parece renacer sin obstáculos pero antes... un camino muy largo... muy estrecho.... sufrirás mujer... tú y él vivirán una vida de dolor...solo al final... solo después de otros dolores... sólo entonces pero será muy lejos en el tiempo... un final de camino sin lágrimas para olvidar una vida de llanto..-..” La gitana soltó la mano de Lisa con cierta aprehensión. Buscó sus ojos para tratar de infundirle valor... tuvo miedo de lo que vio y calló... sintió pena por esa mujer signada por el destino....; miró a su alrededor... no quiso buscar protagonistas en el grupo y se fue corriendo, olvidando los billetes ganados por un momento de esparcimiento como dijeran todos tratando de distraer la tensión creada con bromas sobre supercherías y adivinadores baratos..., ninguno se atrevió a decir que en el fondo... muy en el fondo..... Lisa rió sin reconocer su risa... alguien forzó una conversación sobre el tiempo y lo cambiante del clima y todos pretendieron olvidar lo que acababan de escuchar. -“Es hora de irnos porque los chicos regresarán en cualquier momento” dijo Alicia acercándose a Raúl al que sólo una broma de Esteban logró rescatar de sus pensamientos demasiado secretos para ser compartidos. “Nos vemos mañana”, respondió Julio que, pasando el brazo sobre los hombros de Lisa observó que esta temblaba y, sin dar importancia a los dichos de la gitana observó que “está refrescando, entremos para evitar un enfriamiento” y condujo a la mujer al interior de la casa... el hogar... el mismo hogar que la adivinador a había sentido en el alma de Lisa tan frío como una tumba.... la tumba de los sueños... el principio del dolor.
EL SECRETO![]() por Graciela Vera
EL ROBO![]()
por Graciela Vera
EL INTRUSO![]() por Graciela Vera Cuando despertó aquella mañana hizo un balance de su vida. Una vida en la que formó un hogar... trajo hijos al mundo... lloró a quién fue la compañera de los buenos y los malos momentos...; fue entonces que lo pensó detenidamente y decidió que no permitiría que aquel intruso se apoderara de todo lo que le pertenecía. No lo había invitado... había llegado sin previo aviso y se había instalado “como para quedarse”, pero el no estaba dispuesto a soportarlo. Se levantó temprano, se duchó y bajó a tomar el desayuno. Cereales con leche. Desde que había comenzado a sentir que la vejez le acechaba se había empecinado en desayunar cereales. Quizás haya tenido que ver con esta, si se quiere manía, la publicidad que por la televisión promocionaba las bondades de este tipo de alimentos, recomendados especialmente para adolescentes y ancianos. El no entraba en el primer grupo pero tampoco se sentía parte del segundo, era, y lo decía a quién quisiera oírlo, tan solo una persona saludable desayunando alimentos saludables. Por un momento había olvidado al intruso. Pensó que había quedado en la planta superior cuando había bajado pero no era así. La conciencia de su presencia le hizo hacer una mueca de disgusto. Su hija, solícita le preguntó si le sucedía algo. -Nada, sólo que quisiera que no estuviera acá.- respondió deseando que se diera por enterado de su desprecio y se marchara. Sabía que no iba a ser tan fácil... ni siquiera iba a ser medianamente fácil, el intruso no estaba dispuesto a abandonar su territorio. Su presencia se estaba convirtiendo en una obsesión. Había llegado a tratar de no dormirse por temor a que el siguiera invadiendo lo que no le pertenecía. Los demás trataban de hacerle ver que no les molestaba su presencia. Actuaban como si todo fuera como antes, como si aquel no estuviera allí.... pero lo estaba. Al principio le había parecido increíble el desparpajo de quién se pudiera instalar en un sitio sin ser invitado. Quizás, si hubiera estado más avispado, pero cuando se dio cuenta ya era imposible desalojarlo... no importaba... estaba seguro que a la larga sería él quién vencería... siempre que el intruso le diera el tiempo suficiente para derrotarlo, pero de algo estaba seguro... no le concedería el gusto de que lo viera suplicar... el se ocuparía de expulsarlo de su casa y si no se iba.... si no se iba sería él quien tuviera que deja todo... pero no, no podía abandonar cuando aún había tanto por hacer..., sería el otro quién debería irse. Terminó de desayunar, se puso un abrigo y salió... tomó un taxi y dio la dirección del hospital. -¿sabe?- dijo al chofer, -esta es mi quinta sesión de quimioterapia... me han advertido que se me caerá el cabello pero yo estoy seguro que cuando el intruso se vaya lo recuperaré... llegamos, déjeme aquí, en la esquina, ... no vaya a verme algún conocido y piense quién sabe que cosa porque voy a donde atienden a la gente que tiene cáncer; ... yo, ¿sabe usted?, yo solo tengo una pelea con alguien que no debería estar acá”. Ilustración: 'Sombra del Reportero' fotografía de A. López Morris EL ESCAPE![]() por Graciela Vera
Quiso escapar del lecho pero no tuvo fuerzas. ¿Escapar...? Hasta ese momento no se le había ocurrido la idea... la hizo girar despacio en su mente... escapar... es...ca...par; la idea le hizo olvidar lo otro y sonrió. No sentía ya la boca que apretaba la suya ni las piernas presionando sobre sus muslos, sólo aquella loca idea retumbando en su cabeza....¡¡¡ es...ca...par...!!! Ni siquiera recordaba como había comenzado todo. Alguien le había dicho que allí podía ganar mucho dinero y ella estaba cansada de la miseria. Su madre le había puesto Elizabeth porque le gustaba el nombre de la menor de las hijas de su patrona.
Llovía cuando el ómnibus la dejó en la terminal de Tres Cruces. Se dirigió a la pensión que le había recomendado la Juana. Los tres días siguientes los pasó recorriendo la ciudad. Se sentía otra, sin deseos de retornar a la vida anterior pero... la plata se estaba acabando y la dueña del cuarto, --si ese nombre cabía al sucucho de tres por cuatro donde se amontonaban una serie de muebles destartalados, una cama con una pata sustituida por dos bloques, un ropero al que faltaba una puerta, una mesa que en sus mejores tiempos había pertenecido a algún bar de mala muerte y dos sillas, una con tres patas--, cobraba día a día y por adelantado. Se rió para sus adentros cuando recordó lo del baño. Aún en el burdel había disfrutado del tiempo suficiente para ducharse y arreglarse por las mañanas, pero allí... A los cinco minutos de estar adentro comenzaban los golpes destemplados en la puerta y si no se apuraba las palabrotas... un baño para veintidós personas... El primer día había creído posible tomar una ducha decente por la mañana... El mecánico de la pieza nueve se había levantado de mal talante porque alguno de sus cuatro hijos no lo había dejado dormir con su llanto. Ella tampoco había dormido muy bien porque lo que pasaba, se decía o se hacía en una habitación parecía retumbar en todas las otras. Su primer trabajo en Montevideo no fue difícil. El auto paró a su lado, ella dio un precio, se dirigieron a un albergue transitorio y... después vino lo difícil. La policía la levantó varias veces y debió pasar noches enteras entre milicos. Algunas veces hasta debía hacerlo con alguno, pero lo que le dolía era que resultaba como en la estancia, porque se lo exigían, de gratis nomás y, cuando llegaba a la pensión no tenía ni un mango encima y entonces tenía que salir a yirar de día también. Con los años su situación económica fue mejorando. Conoció a algunas chicas que trabajaban como damas de compañía para ejecutivos extranjeros que visitaban el país. El último cliente se había ido. Cuando cerró la puerta nuevamente quedó sola, quizás más sola de lo que siempre había estado. Se había preocupado por aprender a maquillarse y a vestirse con elegancia, a parecer una señora de sociedad, conversaba con fluidez e incluso estudió idiomas. Pero en realidad todo aquello era una hermosa envoltura para lo que se esperaba de ella: un trabajo eficaz en la cama. Volvió a mirar la imagen reflejada en el espejo. Algunas arrugas que los cosméticos no podían disimular... Un rictus amargo curvo su boca... recordó la cara siempre cansada de su madre... su vientre siempre agrandado por los hijos por nacer... su figura que parecía encogerse con cada nieto sin padre.... recordó aquella lágrima mal disimulada cuando ella, con el bolso sin cierre en la mano había subido al camión que la dejó en el pueblo. No había intentado detenerla. Quizás había buscado algún argumento para hacerlo sin encontrarlo... Un dolor intenso oprimió el pecho de Elizabeth... ¿porqué pensaba en su madre en aquel momento?, en muchos años no lo había hecho y nunca había vuelto al rancho. No lloró cuando supo de su muerte. Tampoco entonces regresó, ¿para qué?, tal vez ahora estaría descansando... nunca supo si ella también había pagado el precio de ser la sirvienta de la casa... tal vez... en una ocasión se preguntó porqué el cabello de algunos de sus hermanos tenía el color claro del de los hijos del patrón.... Se recostó en el sofá y sacudió la cabeza para ahuyentar aquellos pensamientos... Su madre hacía muchos años que había dejado este mundo de penas, con sus dolores y sus secretos... ¿porqué la recordaba en aquel momento?... apretó más la mano sobre su pecho... el dolor persistía... pensó en como sería la vejez.... los cincuenta, los sesenta... estaba sola, completamente sola envuelta en una vida que ella misma había elegido... ¿la había elegido ella o se la había impuesto el destino?... ¿qué habría pasado si aquella peoncita no hubiera pensado en cuidarse para no quedar embarazada?....... hijos.... ahora no le parecían una carga tan grande como entonces... le hubiera gustado tener un hijo, alguien que le dijera que no estaba sola.... incluso en su actual independencia había comenzado a envidiar a las putas que tenían un chulo que las protegía.... Quiso levantarse para volver a interrogar la imagen del espejo y no pudo hacerlo. Sintió un cosquilleo en el brazo... algo en su mente le alertaba que debía tomar el teléfono y discar pidiendo ayuda.... un número y los paramédicos estarían allí en pocos minutos... el sudor frío comenzó a invadirle la frente.... “Llama Elizabeth... llama ahora...”, intuía lo que le estaba ocurriendo... estiró el brazo hacia el teléfono y marcó... sentía el pulso cada vez más débil... en pocos minutos alguien acudiría en su ayuda.... ¿en su ayuda?..., colgó el tubo sin responder a la voz que le preguntaba por su dirección..., la ayuda que durante años había aguardado estaba en camino; llegaba silenciosa, agazapada en aquel malestar intenso... la ayuda llegaba después de toda una vida de dolor... un escape que por primera vez en muchos años le permitió sonreír sin esfuerzo... sintió los párpados pesados... sólo lamentó los hijos que no había querido que nacieran....
TU MIEDO![]() por Graciela Vera Me llamaste y fui pero sentí el miedo aún antes de encontrarnos. Un miedo que no era mío. Un miedo que provenía de tus propios sentimientos. Que no tenía motivo porque nuestro acuerdo había sido claro desde el primer beso. ¿Te acuerdas? No quiero que ella se entere, dijiste entonces y yo consentí. Si lo nuestro podía significar que perdieras mujer e hijos yo aceptaba hacerme a un lado. Ambos estuvimos de acuerdo. No me importó entonces que el acuerdo que hacíamos doliera en lo más profundo. No me importaba ser: la otra, la que nunca podría dar la cara, si escondiendo este amor teníamos una oportunidad de dicha. Me importa, sí, tu miedo, porque produce un dolor mucho más intenso. ¿Cuándo comenzaste a tener miedo de nuestro amor?. Quizás cuando te saciaste de mis caricias. Trato de recordar el principio y te veo desafiando al mundo. Entonces no había temores; entonces me decías que me necesitabas. Entonces tus abrazos se confundían con las palabras y a mi no me importaba tener que ocultar al mundo que te quería porque me sabía deseada. Después.... cuando comenzó el miedo.... cuando los encuentros se fueron transformando en un placer de sexo atenazando los sentimientos...; después... cuando comenzaste a hacerme el amor sin que mediaran voces de cariño.... cuando el miedo comenzó a imponerse al deseo...., después....ahora...., ahora sí me duele tu miedo porque lo siento más fuerte que tu voluntad. Voy a dejarte para que ella no se entere. No lo dijiste tú pero lo dijo tu miedo. Quizás aún no lo sepas pero lo vas a hacer. Me vas a dejar por temor. Porque tu miedo te exige que me dejes. Es el mismo miedo que se interpone entre los dos cuando hacemos el amor silenciando en tus labios las palabras de cariño. Miedos que nos impiden mostrar los sentimientos... tu miedo, tan distinto y tan igual al miedo que siento yo de perderte si susurro a tu oído que te quiero... si te digo que no me importa ser la otra si estás a mi lado pero que no soporto ese amor indiferente con que pretendes engañar a tu miedo para que nos permita un encuentro más, porque en lo más profundo de tu miedo queda aún una luz del sentimiento que nos acercó.
SONATA PARA DOS
Te quiero, le había dicho la segunda vez que se vieron y ella se asustó porque supo que era verdad. Abrió su corazón para guardar la palabra e hizo nido el amor. Julio era viajante, recorría el país pasando tres o cuatro veces al año por cada localidad importante y una o dos por los pueblos más pequeños, como aquel, como el lugar en que ella vivía. Rita atendía el bar de su marido en la tarde. Después Justiano la suplantaba a la hora en que la clientela se hacía más pesada. Julio llegó una tarde de verano en que el calor era agobiante. Conversaron. Hablaron tanto de uno y de la otra que cuando llegó la hora de retirarse el le dijo: es como si te conociera de toda la vida. Y también para ella lo fue. Esa noche se sorprendió pensando en el hombre al que había descubierto incluso sus sueños más íntimos. El se fue, volvió varios meses después y fue cuando le dijo que la amaba pero que no podía ofrecerle nada. Tenía mujer, hijos, una posición que no estaba dispuesto a perder. ¿Quién nos dice a quién debemos querer y cuando? Preguntó aquella noche Rita entre los brazos fuertes, cariñosos de Julio. El no supo responder y selló los labios amados con besos. Besos con sabor a interrogantes.... .... Cuando yo venga... cuando tú tengas tiempo... mientras ambos soñemos... S.O.S![]()
Llegó a la dirección que le habían dado y dudó antes de llamar. La Luciana le había dicho que allí ayudaban a las mujeres maltratadas. Ella misma había ido una vez cuando el José le había dado aquella paliza cuando la borrachera de fin de año, pero era distinto... la Luciana tenía las marcas de los golpes y patadas del bruto pero ella nunca había recibido ni un asomo de castigo físico por parte de su marido. Es más, este proclamaba a quién quisiera oírlo que él la adoraba..., que le daba todo para hacerla sentir feliz..., todo menos lo más importante, todo menos comprensión, menos compañerismo, menos apoyo. Ese apoyo que tantas veces necesitó cuando anduvo a los tropezones y que nunca tuvo. Eran muchos años de casada para tirar todo debajo de un manotón..., todos se lo decían... ¿quiénes eran todos?... Nadie podía comprender lo que estaba sintiendo... eran muchos años de sentirse sola,... de sentirse usada...., eran muchos años de llorar a escondidas y ahora, ahora que lloraba en público nadie parecía ver su dolor.... Los hijos se habían hecho hombres. Ya no necesitaban de su sacrificio para darles un hogar supuestamente normal. ¿qué es un hogar normal?. ¿qué es normal en una pareja?... Hablar... ¿de qué cuando no hay temas de interés común?.... Las palabras se habían ahogado en un mar de soledad... Se puede estar rodeada de personas y estar sola. Se puede tener sueños y verlos morir uno a uno porque no son comprendidos. Se puede ambicionar mucho para una, para los hijos, para la familia y terminar hocicando en la mediocridad de la costumbre. La soledad se había impregnado tanto en su piel que ya era imposible arrancarla. Habían momentos en que dolía más. Eran los que quedaban grabados en la memoria. Los que arrancaban lágrimas de impotencia... Los hijos... como dolía aún la soledad de casi veinte años atrás cuado nació el más pequeño. Los hijos se sueñan, o deberían soñarse entre dos. Estaba sola cuando nació. Sola con extraños. Sola con una partera y una enfermera que después del parto la dejaron sola. Claro que pudo disfrutar de la nena toda la noche en una comunión que no volvería a darse pero ella necesitaba decir “es nuestra” y solo podía decir “es mía”. Quizás esa fue la soledad que más dolió. Hubieron otras en las que el miedo se hizo más grande porque no había con quien compartirlo. Cáncer... ¡cuánta soledad mientras enfrentó sola la espera del diagnóstico!. Ni siquiera cuando todo salió bien hubo con quien compartir la alegría. La soledad también tiene un límite en la vida de todo ser humano y sabía que aún no llegaba a él. Había decidido que se iba de la casa. ¿y eso significaba la vida sin los hijos..., la vida sin los seres más queridos?... Más soledad...., Hay cosas que la sociedad aún no perdona y es que una esposa abandone su hogar sin motivos aparentes ¿sin motivos?... Hasta ahora no lo había notado pero tenía cicatrices como la Luciana. Más hondas, más dolorosas, infligidas sin descanso durante años pero eran tan suyas que no podía mostrarlas... estaban en su alma... eran heridas producidas por látigos que habían cincelado aquella caparazón en la que se había escondido durante toda una vida hasta que un día, no sabe como, porque no tuvo intención de dejar que sucediera, la caparazón se rompió y ya no pudo seguir fingiendo. Fue el día que todos creyeron que había perdido la razón... Siempre con sus locuras, decían unos. Debe ser un gualicho, opinaban otros. Ya se le va a pasar, son cosas de la edad.... S.O.S., un llamado de auxilio. S.O.S. un lugar de apoyo a la mujer... golpeó la puerta...no, aún no podía contar a extraños cuanto oprimía su soledad... quiso retroceder... ya no.... Si, me llamo María Luisa,... tengo tiempo libre y quisiera ayudar a mujeres que se sientan solas.... creo que las puedo comprender... me haría bien a mi también.
CUENTOS CORTOS PARA LEER EN UNA TARDE DE INVIERNOCUENTOS CORTOS PARA LEER EN UNA TARDE DE INVIERNO es un compendio de notas que se fueron transformando en historias a instancias de mi hija Viviana que con sus severísimas y certeras críticas me guió y me convenció para convertir unos tímidos escarceos literarios en este mini volumen que aquí os presento. ¿Cuánto hay de imaginación y cuánto de realidad en cada una? Quizás nunca pueda ni siquiera yo, su autora, llegar a saberlo. Un pequeño recuerdo, una visión esporádica o una noticia ya hace mucho tiempo olvidada son, para quienes sentimos el cosquilleo de transformar los sueños en palabras, el cáliz del cual bebe la imaginación. No pretendo el aplauso de los eruditos, solo ansío la tímida aceptación y, si fuera posible, el entretenimiento de la gente común. Gracias por leer este libro que se escribió en el año 1997 y ve la luz primera a través de Internet, en Almería, en el año 2003. |
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